sábado, 15 de diciembre de 2018

HABIA EN SU VOZ

Había en su voz un discreto acento con aroma newyorquino, y algo de distanciamiento inalcanzable hecho realidad por ese transcurrir de la existencia que nos acaba convirtiendo en seres ajenos a nuestras propias virtudes y en trovadores de nuestras vivencias y pensamientos.

Yo la observaba desde uno de aquellos asientos de piedra en la primera fila del Gran Teatro Romano, embelesado con sus palabras, enredado en el reflejo que la luna llena proyectaba en su cabello y sobre aquel vaso de agua que se alzaba sobre su púlpito de conferenciante comprometida.

No esperaba que me reconociese, pero noté en su mirada un detenerse más y más en la mía. Fue entonces, en cierto momento de calma y sonrisa en su discurso, cuando exhaló un susurro, y aquel aliento suyo hecho palabra pronto me llegó  con la misma fuerza de una sinfonía: Te Quiero.


                                                                                                
ESCUCHÉ
(Cuando el pensamiento precede a la realidad es fácil estar equivocados)
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Miré tu rostro, pude acariciarlo con mis ojos, observé tu gesto arañado por el abandono, rasgado; más por la impiedad que por todas tus ausencias, acerqué mi oído al corazón de tu silencio ......... y escuché el Universo.

CIRCO ROMANO

Si me preguntasen qué sentí al caminar por la tierra seca, tan calcinada por el tiempo, tan estéril, tan rota por los siglos y por los mantos de escarcha y de olvido. Si me interpelaras para conocer cuál fue mi suerte en aquel viaje al futuro -más que a nuestro pasado- tan lleno de piedras de granito, esculpidas con avanzado saber hace miles de años para darle vida a una idea y a una forma de vivir....
Si comprendieses mi silencio, mi sorprendimiento y mi respeto ante tanto descubrimiento. Si caminases como yo; recorriendo palmo a palmo cada metro del Cosmos, convertido aquí en espacio terrenal y abarcable, para ver correr a caballo y hombre como a uno solo, como uno mismo.....
Entonces, sería yo quien no sabría decirte si todo esto que siento es un sueño que nunca existió, o si es mi única certeza.
Quiero creer, necesito pensar que tengo guardada en mis manos esta certeza, la misma que me muestra cada día y en cada lugar; como en este sueño por donde camino,  el rastro que va creando y dejando nuestra civilización, que es la suma de los grandes esfuerzos de efímeras existencias, el encadenamiento de instantes que el atrevimiento humano tiene a bien considerar como parte de la eternidad misma del Universo.

jueves, 6 de diciembre de 2018

ORDEN INVERSO

No recuerdo con claridad tanto momento escrito en mi piel, ni siquiera reconozco esta letra idéntica que me recorre, su grafía perfecta y atrevida, a veces descarada, que se asoma al abismo desde mi antebrazo.
Tampoco te recuerdo a ti, cuyo nombre me sale al paso cada vez que me miro al espejo y observo este estropicio de cuerpo. Todo me es tan ajeno como mi propia imagen vista ahí; reflejada en ese lado imposible donde los problemas y los objetivos, y el pensamiento, aparecen congelados, inalcanzables, tan alejados de mi realidad; la misma que ahora me anima a no volverme a asomar a este cristal del engaño.
No siento pena, afronto este asunto de mi vida como lo haría cualquier mercenario de la honestidad, pero a veces reconozco que me  voy perdiendo en la justa medida en que tu voz  recién recuperada vuelve a distanciarse cuando cambia su tonalidad hasta hacerse irreconocible para mí.
Tampoco siento miedo; a hacerme viejo y sucumbir poco a poco a la soledad peregrina, a ser olvidado, o a no ser respetado y valorado, o a no lograr ver más allá de mi nariz, o a quedarme sin libertad, y no poder pensar o creer.
Pero sí es verdad que me enfrento a situaciones imposibles; a sueños irresolutos, quizás la más recurrente sea esa en la que me veo sentado frente a hojas en blanco sin saber qué escribirte, qué decirte y contarte, qué confesarte y agradecerte. 
En la lucidez de mi búsqueda, cuando la hallo, los instantes son pequeñas islas de eternidad que me van mostrando el próximo trecho para recorrer. Sigo tus pasos, aun con el eco de tu voz ausente, con el sonido de tus besos acariciando todos mis sentidos, sigo por la línea recta de mis recuerdos, como coordenada sagrada que vuelve a acercarnos en el tiempo, para darle un orden inverso a nuestra inmortal esperanza y empezar de nuevo a ser aquellos jóvenes perdidos que unían sus manos y se cubrían de besos mientras caminaban por donde aún no había camino.
Escribo, para no dejar entrar en casa los malos vientos que envuelven al vencido, escribo para seguir vivo y no dejar al viejo entrar en mí, escribo para tomar impulso y seguir respirando y llenando el pensamiento y mis  pulmones con aire limpio. Escribo para reír.
Escribo por los dos, por estos momentos que son nuestros y eternamente merecidos; como este nombre sagrado que llevamos puesto.

domingo, 18 de noviembre de 2018

PALABRAS DE MI ABUELO.... que yo recuerdo más  menos así.


" La Música es un olvido del Creador. Quizás este, en su intento por recoger con premura todas y cada una de sus pertenencias, justo antes de apagar la luz y marcharse para siempre, la dejó escapar de sus brazos todopoderosos y quedaron sus notas derramadas por toda la tierra, como cuentas de un rosario roto y abandonado que el viento levantó del suelo hasta hacerlas volar, igual que bulanicos de polen a la deriva buscando un lugar de acogida donde mantener viva la propia vida."
A VECES ME OCURRE...


A veces me ocurre que escucho lo que nadie puede oír.  Hay noches que son canciones  lanzadas como puyazos de rabia, abucheando los oscuros mandamientos desde el otro extremo de la ciudad; ecos vivos de un tiempo pasado llegados para  mostrarme, con la voz de sus letras inéditas, las secuelas del pasado y los laberintos que aún nos aguardan. 

Otras veces, algunas tardes de viento caprichoso e imposible de poniente,  percibo el chillido y el vuelo vigilante del águila sobre mi cabeza, con su plumaje silbando en las alturas. Puedo sentir en mi piel las coordenadas de su vuelo curvilíneo y perfecto, y hasta el frío sosteniendo sus alas, y su mirada puesta en mí.

Oigo a la gente, me encuentro con las punzadas de sus conversaciones dispares y caóticas llegando con nitidez meridiana hasta rodearme, y me siento vulnerable, porque mi mente agotada es incapaz de discriminar tanto sonido, tanta sílaba encadenada e interminable.No  logro encontrar un espacio de silencio donde ponerme a salvo. 

Te oigo a ti, al otro extremo del mundo, y salgo de mi letargo forzado, puedo escuchar tus palmadas al atardecer urgiendo al ganado camino del ejido, y el eco de tus gritos sin tregua perdurando eterno en  los barrancos, y tus cantos de regreso que anulan al miedo y sanan las heridas. Puedo escuchar las fanfarrias de tus pájaros al atardecer y les confío mis lamentos por no poder ser uno de ellos sobrevolando tus ramblas doradas.

A veces ocurre, que me rodea un misterio sonoro que solo yo escucho, como un estrépito de lápices dando fe de los últimos compases de la batalla, y siempre su misma escuadrilla de preguntas repentinas y respuestas trasnochadas arrasando mi calma. 

A veces me ocurre que nadie escucha como yo, a este lado del tiempo, el romper de las olas del mañana.

domingo, 11 de noviembre de 2018

LOS MONSTRUOS... SOMOS NOSOTROS

Si, es cierto que fuimos nosotros los que lanzamos la primera piedra, pero sin esconder la mano. Y los que bebimos agua y risa hasta emborracharnos de alegría. Fuimos nosotros; claro que fuimos, los que sostuvimos con fuerza tus manos en el abismo. Y fuimos los únicos que se atrevieron a escribirte notas de amor a pie de página en aquel manual de andar contra corriente.
Seguimos siendo nosotros, los que lanzamos mensajes en botella al espacio, con el pulso temblando, por si una inteligencia exterior pudiese explicarnos ¡qué demonios está pasando aquí!
Somos monstruos, que seguirán cantando bajo tu ventana... la eterna serenata de la verdad, del amor y la torpeza.